Mi exmarido multimillonario pensaba que todavía me arrepentía de haberlo perdido... hasta que tres niños saltaron de un Bentley gritando: "¡Mamá!".

¿De verdad sigues sola, Valeria? Pensé que cinco años serían tiempo suficiente para superar mi pérdida.

Valeria levantó la vista de su libro y el ambiente en el interior del camarote de primera clase pareció tensarse.

Junto a ella estaba Alejandro Montes de Oca, su exmarido, el acaudalado empresario de la energía solar cuyo apellido le abrió puertas en todo México.

Pero Valeria no vio al millonario.

Ella vio al hombre que había preferido los rumores a su verdad.

La azafata revisó su billete.

“Señor Montes de Oca, este es su asiento.”

Por supuesto, era el asiento vacío que estaba al lado del suyo.

Alejandro sonrió levemente. "Parece que tendremos tiempo para hablar".

Valeria cerró su libro. “Dejamos de hablar hace cinco años”.

—No —dijo—. Te fuiste sin dar explicaciones.

Sus dedos se apretaron alrededor de la tapa.

Ahí estaba de nuevo: la vieja acusación.

Años atrás, habían sido la pareja perfecta. Alejandro fundó su empresa desde cero, y Valeria, ingeniera, ayudó a diseñar la tecnología que la hizo famosa. Pero con el éxito llegaron también el orgullo, el estatus y el constante veneno de su madre.