Mi exmarido multimillonario pensaba que todavía me arrepentía de haberlo perdido... hasta que tres niños saltaron de un Bentley gritando: "¡Mamá!".

El rostro de Valeria se suavizó al instante. Una la abrazó por la cintura. Otra le agarró la mano. La más pequeña se aferró a sus piernas, riendo.

Alejandro se quedó paralizado.

Los chicos tenían los ojos de Valeria.

Pero todo lo demás era suyo.

El cabello oscuro.

La barbilla.

La sonrisa de sus propias fotos de la infancia.

—¿Qué edad tienen? —susurró.

“Cuatro.”

Se puso pálido.

“Nacieron siete meses después de que me fui de tu casa.”

Alejandro abrió la boca, pero no le salieron las palabras.

Uno de los niños preguntó: “Mamá, ¿lo conocemos?”.

Valeria le acarició el pelo.

“Todavía no, mi amor.”

La palabra "aún" cayó entre ellos como una piedra.

Alejandro se acercó.

“Son mis hijos.”

La mirada de Valeria se endureció.

“Son niños, Alejandro. No son propiedad que acabas de recuperar.”

Entonces le hizo la pregunta que la destrozó de nuevo.

“¿Ese doctor era su padre?”

Valeria lo miró fijamente.