A continuación se oyeron tres golpes secos.
Carmen abrió la puerta y se encontró con dos agentes y una mujer vestida de traje.
—¿Señora Carmen Mendoza? —preguntó el comandante Garza—. Policía de Investigación. Recibimos una denuncia anónima que indica que en esta dirección se encuentran bienes robados de la joyería El Resplandor. Contamos con una orden de registro.
Carmen palideció.
—Debe haber un error —dijo nerviosamente.
—Ya veremos —respondió Garza.
Los agentes comenzaron a registrar el apartamento.
Un agente revisó el perchero.
Nada.
“Comandante, aquí no hay nada.”
“Registren los armarios.”
En el armario del pasillo, un agente sacó el bolso de cuero negro.
“¿De quién es este bolso?”
—De mi hermana Leticia —respondió Carmen con voz temblorosa.
El agente la abrió y, momentos después, sacó la bolsita de terciopelo.
Cuando él le mostró el collar brillante, Carmen jadeó.
—Está usted arrestada, señora —dijo Garza.
—¡Espera! —gritó Valeria.
Ella dio un paso al frente con valentía.
“Mi madre no lo hizo. Mi tía Leticia puso eso aquí hoy para incriminarla.”
Garza frunció el ceño con escepticismo.
Valeria abrió rápidamente el portátil.
“Tengo pruebas.”
Reprodujo las imágenes de seguridad que mostraban a Leticia entrando al apartamento.
Luego mostró las fotos del collar y la información sobre Antonio.
El silencio inundó la habitación.
