Los calambres nocturnos pueden tener diversas causas, como la deshidratación, un déficit de minerales, mala circulación, el sedentarismo o una sobrecarga muscular tras actividad física intensa. También influyen factores como las malas posturas al dormir, el uso de colchones inadecuados y el estrés.
Por eso, la banana no siempre será la solución, los expertos proponen un enfoque más integral y efectivo. El llamado truco infalible no es mágico ni complejo, sino una combinación de hábitos simples que trabajan directamente sobre el funcionamiento muscular y la relajación del cuerpo antes de dormir.
Para empezar a combartir estos molestos calambres lo más importante es tener una hidratación adecuada a lo largo del día para reponer minerales, siendo el principal el magnesio.
El magnesio también puede incorporarse a través de alimentos específicos, como frutos secos, semillas, legumbres y vegetales de hoja verde, o mediante suplementos diseñados para el consumo nocturno. A diferencia de la banana, este mineral no aporta azúcares y, en muchos casos, contribuye a un sueño más profundo y reparador, lo que representa un doble beneficio.
