Todavía no la han liberado.
No fue un milagro limpio.
Fue peor y mejor al mismo tiempo:
la lentísima maquinaria de la verdad comenzaba a moverse después de años de empujar hacia el otro lado.
Esa noche, sentada en una habitación blanca con una manta sobre los hombros, Ramira observó a Salomé dormir en un sofá improvisado y sintió algo que ya no recordaba bien.
Esperanza.
Dolía casi tanto como el miedo.
Clara fue arrestada dos días después.
No por homicidio.
Todavía no.
Por obstrucción a la justicia.
Manipulación del testimonio de un menor.
Ocultación de información clave.
Clara lloró, gritó, fingió desmayarse, llamó desagradecida a Salomé y loca a Ramira. Solo entonces empezó a hablar cuando comprendió que Becerra no la iba a proteger.
Cantó más de lo que esperaban.
Sí, Héctor Becerra estaba involucrado en negocios turbios con Esteban. Lavado de dinero, falsificación de firmas, malversación de fondos en una constructora regional. Esteban quiso desvincularse cuando descubrió la verdadera magnitud del fraude. Amenazó con denunciarlo. Becerra fue a la casa esa noche "para arreglar las cosas". Discutieron. Él disparó. Clara llegó más tarde, vio lo sucedido y accedió a guardar silencio a cambio de dinero y la promesa de conservar parte de los bienes. La llegada de Ramira minutos después les brindó la oportunidad perfecta.
Una esposa angustiada.
Una niña pequeña asustada.
Un policía desesperado por cerrar el caso.
Todo encajó con demasiada facilidad.
Becerra intentó huir.
